domingo, 6 de noviembre de 2011

24 postales por segundo



La semana pasada en la Universidad de la Santa Cruz se proyectó la película “De Dios y de hombres” (Uomini di Dio, en Italino). Con motivo del XXV aniversario del encuentro interreligioso en Asís, Italia. Film francés sobre la historia de una comunidad de monjes cistercienses, situada en Tibhirine en los montes del Atlas, Argelia. Durante el conflicto armado de los años 90.
La historia pone énfasis en como pequeño pueblo musulmán fue capaz de brindar su cariño, respeto y amistad a esta comunidad de hombres, dedicados a la vida de Dios a través del monacato.

Las imágenes y los diálogos muestran un universo minimalista pero bellísimo, la vida cotidiana en un rincón del mundo, nada espectacular, pero al mismo tiempo atrayente. El director nos regala postales inolvidables, mostrándonos como convive la naturaleza religiosa del ser humano de manera normal y tranquila. El mensaje del film trasciende las diferencias religiosas, hombres y mujeres son capaces de reconocerse como valiosos. Seres dignos de amor y de respeto.
La imagen de la cena de navidad de los monjes deja ver hombres, no super-héroes, convencidos de su opción religiosa al quedarse en ese pueblo, de hecho allí son una fuente de esperanza, aun con el peligro de morir en el lugar.

Mons. Fortunatus Nwachukwu mencionó después de la proyección de la película, como la historia de estos monjes cistercienses es un testimonio moderno de la Iglesia en un ambiente de persecución. Fruto mismo de la enseñanza evangélica, pues humanamente no se entiende como un grupo de hombres son capaces de soportar la presión de ser casi sentenciados a muerte, por quedarse cerca de quienes no pertenece ni siquiera a su misma Iglesia. Pero aun así no es para nada un sacrificio inútil. Es testimonio de caridad, corresponsabilidad y solidaridad humana. Ejemplos como el de los monjes en Argelia sirven para demostrar como las religiones no son una limitante para reconocer la grandeza de los pueblos y personas.

Ver la fotografía de hace XXV años en Asís, al Papa y todos los demás líderes religiosos, es pensar en la humanidad misma, con sus diferentes caminos para buscar a Dios los cuales no limitan las vías de paz y justicia.
Cuando se escuchan testimonios de intolerancia religiosa en diferentes partes del mundo entonces es cuando recordamos que el trabajo por la paz aún no se termina. Porque todavía existen pueblos sufriendo, hambrientos de momentos de tranquilidad.
Dialogo y reconciliación siguen siendo instrumentos necesarios para alcanzar la paz, ser instrumentos de ella, no se queda solo en un canto inspirado en San Francisco de Asís, sino en un llamado contra la intolerancia humana y religiosa existente todavía en nuestra vida “moderna”.





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